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¿Existe mejor presentación
que las imágenes mismas, como apuntaba el tan
manido tópico de las mil palabras? La contemplación
de la obra que aquí nos ofrece José
Ortiz así parece confirmarlo, un universo
de matices para el goce y la ensoñación,
el color y el fondo simbióticamente entrelazados
para proporcionar tanto al curioso como al experto
un abanico de sensaciones plástico-intelectuales
cuya finalidad radica en sumergirnos plácidamente
en los dominios de esos paraísos cada
día más perdidos. Ortiz
nos incita a la aventura de buscar, desnudos y
sin complejos, aquellos rincones donde hemos dejado
abandonados los más hermosos sueños.
Pura pintura, sus soportes los convierten en
realidad, puro goce.
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